El destino de hoy es Rincón 437, Montevideo. En plena Ciudad Vieja, rodeado de edificios coloniales (y algún monstruo moderno desubicado), se eleva el Museo Histórico.
Esta mansión, construida en los primeros años del siglo XIX, perteneció al Gral. Fructuoso Rivera que, en ese entonces, era primer presidente constitucional del Estado Oriental del Uruguay.
Fue en 1942 que se convirtió en museo y, a partir de entonces, exhibe la historia indígena del Uruguay y su paso a un país independiente.
Esta mansión, construida en los primeros años del siglo XIX, perteneció al Gral. Fructuoso Rivera que, en ese entonces, era primer presidente constitucional del Estado Oriental del Uruguay.
Fue en 1942 que se convirtió en museo y, a partir de entonces, exhibe la historia indígena del Uruguay y su paso a un país independiente.
Sin embargo, hay una historia que el museo no exhibe; una historia que sólo conocen aquellos que creen en leyendas montevideanas.
"El 4 de julio de 1821, la ciudad de San Felipe y Santiago se vio sacudida por la noticia del asesinato de doña Celedonia Wich de Salvañach, natural de la Coruña y con residencia en la casa sita en la esquina de las calles San Gabriel y San Felipe (hoy Rincón y Misiones)."
Casa de Rivera, Museo Histórico
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Conocí la historia a través de mi profesora de literatura, que me presentó la novela de la docente Susana Cabrera. Ésta narra un hecho verídico que marcó la historia uruguaya en cuanto a la esclavitud ya que los dos personajes principales fueron las únicas mujeres ahorcadas en nuestra mismísima Plaza Matríz (dirigirse a Un paso hacia el pasado). Esta historia, de muerte, sangre y venganza, es mencionada brevemente en el recuento de la historia de la casa, sin embargo, sólo Cabrera hizo una recopilación exacto de los hechos.
Cuando fui al museo, en uno de mis tours por Montevideo, era la única visitante en la sala. Saludé con una sonrisa a los que se encontraban en el escritorio principal, y comencé mi visita no guiada.
Cabe admitir que, honestamente, la única razón por la cual visité la casa fue porque estaba cautivada por la historia que le precedía. Así que, cuando llegué, visité las varias salas con poco o nulo interés y subí las escaleras caracol de madera tapizada.
En el segundo nivel habían cuadros que pintaban las diferentes guerras, miré a mis alrededores para descubrir dónde era que se había llevado a cabo el asesinato.
Caminé por el segundo piso y descubrí otras escaleras. Las seguí. Allí me detuve perpleja, no sabía si era el frío y la humedad que me abrazaron repentinamente, o el hecho de que ese cuarto oscuro y abandonado era otro descanso que miraba a un patio interior.
Pensé rápido: de acuerdo a las descripciones, esta era la escena del crimen.
En ese instante, unos pasos agitados me sacaron de mi asombro y, entre palabrotas y otras cosas, me guiaron al primero piso. Yo, respondiendo con breves y confundidos, "Sorry, I don´t understand" ("Lo siento, no entiendo"), salí a la calle y eché una risa nerviosa.
Sí, estuve en la escena del crimen. Encontré un pedazo de historia dentro de un museo que se niega a mostrarlo.
Cuando fui al museo, en uno de mis tours por Montevideo, era la única visitante en la sala. Saludé con una sonrisa a los que se encontraban en el escritorio principal, y comencé mi visita no guiada.
Cabe admitir que, honestamente, la única razón por la cual visité la casa fue porque estaba cautivada por la historia que le precedía. Así que, cuando llegué, visité las varias salas con poco o nulo interés y subí las escaleras caracol de madera tapizada.
En el segundo nivel habían cuadros que pintaban las diferentes guerras, miré a mis alrededores para descubrir dónde era que se había llevado a cabo el asesinato.
Caminé por el segundo piso y descubrí otras escaleras. Las seguí. Allí me detuve perpleja, no sabía si era el frío y la humedad que me abrazaron repentinamente, o el hecho de que ese cuarto oscuro y abandonado era otro descanso que miraba a un patio interior.
Pensé rápido: de acuerdo a las descripciones, esta era la escena del crimen.
En ese instante, unos pasos agitados me sacaron de mi asombro y, entre palabrotas y otras cosas, me guiaron al primero piso. Yo, respondiendo con breves y confundidos, "Sorry, I don´t understand" ("Lo siento, no entiendo"), salí a la calle y eché una risa nerviosa.
Sí, estuve en la escena del crimen. Encontré un pedazo de historia dentro de un museo que se niega a mostrarlo.
Coordenadas
Rincón 437, Montevideo, Uruguay
+598 2915 1051 de 11 a 17 hs.

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